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miércoles, septiembre 24, 2014
Disfrazados de romanos
Cuando alguna vez leo acerca de por qué el 15-M no tuvo su banda sonora, o por qué no le ponen letra al himno de España, que si la novela está agotada o el rock está muerto, siempre me acuerdo de Pierre Menard, autor del Quijote, que como todo el mundo sabe es un cuento de Borges que trata sobre un escritor francés, Pierre Menard, que se propone escribir de nuevo El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, palabra por palabra. Pierre Menard fracasa, no porque no consiga reproducir la literalidad del texto (consigue escribir un par de capítulos) sino porque, como consecuencia del paso del tiempo, no tenemos acceso al texto original de Cervantes y nuestra interpretación está condicionada por todas las lecturas posteriores del libro. Un lector del siglo XVII entiende una cosa, y un lector del siglo XIX, otra. Las interpretaciones de un mismo texto varían con las épocas. Como le dijeron al Gran Gatsby, “el pasado no puede repetirse”.
Esto se aprecia especialmente en el caso del humor, un género que, por depender tanto del contexto, envejece a una velocidad mayor que otros. Podemos leer La Ilíada y emocionarnos con la despedida de Héctor y Andrómaca, pero difícilmente reírnos con sus chistes, que básicamente son variaciones del tartazo en la cara. Si no queremos volver a ver los vídeos de nochevieja de Martes y Trece porque nos hacen cuestionarnos si nos caería bien nuestro yo de hace veinte años, menos aún nos hará soltar la carcajada una lectura de El asno de oro o El Decamerón. Yo no recuerdo haberme reído mucho leyendo El Quijote en el bachillerato, a pesar de que sus contemporáneos lo consideraban un descojone. De hecho, el propio humor, ya no como género o formato sino incluso como categoría antropológica, parece haber llegado al final de sus propias fuerzas expresivas, y hoy se habla de una nueva forma de humor (posthumor) que tiene más que ver con la vergüenza ajena que con la risa. Culturalmente hemos llegado a un punto de no retorno: hemos matado al chiste. A mucha gente no le gusta entrar en las redes sociales porque no soporta un chiste más.
De forma parecida, en el ámbito de la música, el acceso universal a sus contenidos ha provocado un fenómeno paradójico: nunca antes se había hecho tanta buena música y nunca antes había importado menos. Es imposible escucharla por falta de tiempo. Y más importante y más preocupante aún: su escucha siempre es irónica, ya que es autorreferencial. La música ya no trata de algo, sino que trata de la propia música, es decir, está dirigida a un público que ya ha escuchado. La música no va dirigida al público sino a la crítica. Que yo sepa, Borges fue el primer escritor en inventar ese juego y se hizo famoso gracias a él, un juego que consiste en una literatura hecha a base de erudición, lecturas y citas (en puridad, el juego lo inaugura el propio Cervantes, ya que los personajes de la segunda parte del Quijote han leído la primera). Así como Borges inventó una literatura de bibliotecarios, el indie, como en su día el jazz o los dodecafonistas, propone una música de coleccionistas de discos. Y como género, ese es su final. Música para el archivo.
Marx dijo que, para hacer la revolución, Lutero se disfrazó de San Pablo y los franceses se disfrazaron de romanos. Hacer canción protesta o escribir himnos de países es algo que a día de hoy se puede hacer, pero, ¿cómo evitar que nos dé la risa al escucharlo?
http://www.elbutanopopular.com/articulos/999/disfrazados-de-romanos
lunes, junio 23, 2014
Quemad Madrid
La editorial Libros del K.O. me ha enviado a casa el ¿primer? libro de Raquel Peláez, aka "La Milodona", titulado "¡Quemad Madrid! O llevadme a la López Ibor."
A Raquel la conocí primero a través de su blog (que ahora está aquí) y luego gracias a algunos amigos comunes. El prólogo del libro es de Santiago Lorenzo, que también es amigo y gran escritor, entre otras cosas.
El libro es una recopilación/reelaboración de las entradas del blog, que cuenta las reflexiones de una "ya no tan joven" periodista de provincias llegada a la capital, una mezcla entre Josep Pla y Moderna de pueblo. El contraste resulta curioso, ya que de manera voluntaria o involuntaria se establece un paralelismo entre las relaciones de Madrid y las provincias y las relaciones personales de sus habitantes, llenas de complejos y deseos inconfesables, que como bien acierta a entender Raquel, sólo son administrables desde la ironía. Una ironía que sacia, pero no alimenta, un mero mecanismo de defensa. Ese "estar sólo en medio de la gente".
Esa mezcla de costumbrismo y novela de formación creo que ha convertido a Raquel en una de las voces de su generación. Y además, sirve como guía turística de Madrid para indies. Recomiendo su lectura fervientemente.
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jueves, abril 10, 2014
Tomar partido.
Los grandes novelistas han descrito a sus personajes pero no los han juzgado. Y eso es porque la vida es algo que nos pasa pero que no entendemos.
miércoles, marzo 19, 2014
La danza de la lluvia
El antropólogo observa la danza de la lluvia y sabe que no sirve para hacer que llueva. Conoce la verdad pero no participa del entusiasmo.
La tribu tampoco cree que el ritual haga llover, pero sabe que la vida, en el fondo, es una cuestión práctica.
jueves, agosto 29, 2013
La vida va en serio.
"
...Uno de mis corresponsales introducía una crítica que rayaba el terreno de lo moral. Me reprochaba, ni más ni menos, tomarme a broma mi propio lecho de muerte. Lo cierto es que no se me ocurre otra forma de responderle que no sea tomármelo a broma. Es el único uso que por el momento soy capaz de darle a tan importante pieza del mobiliario familiar.
En aras del respeto y todo lo demás, no tendremos más remedio que librarnos de esa idea. Es de todo punto inútil y absurdo decir a un hombre que no debe bromear con los temas sagrados. Y es inútil y absurdo por una razón muy sencilla: porque no hay tema que no sea sagrado. Cada instante de la vida humana es transcendental. Cada paso, cada movimiento de un dedo posee una importancia tan enorme e incluso tan horrible que cuaquiera podría volverse loco con sólo pensar en ello. Si está mal bromear con nuestro lecho de muerte, también está mal bromear con la empanada de ternera, pues, si la perseguimos con demasiada devoción, puede tener mucho que ver con que acabemos en él. Si está mal bromear sobre un hombre moribundo, también lo está bromear sobre un hombre cualquiera, pues todos estamos muriendo con mayor o menor rapidez. En otras palabras, si decimos que no debemos bromear con los temas solemnes, lo que en realidad estamos diciendo, es sencillamente que no deberíamos bromear [...]
Esta es, en mi opinión, una de las dos únicas posturas razonables posibles: la vida es algo demasiado serio como para tomársela en broma. Posición a la que sólo existe una alternativa, y es la que yo adopto: la vida es una cosa demasiado seria como para no tomársela a broma.
Ni que decir tiene que hay un matiz importante en la cuestión que mi feroz corresponsal no parece haber observado. Yo estoy convencido de que se puede bromear sobre cualquier cosa, pero no en cualquier ocasión. Podemos bromear sobre el lecho de muerte, pero no junto a un lecho de muerte [...]
La vida es seria todo el tiempo, pero podemos vivir con seriedad durante todo el tiempo."
Una acusación de irreverencia. G.K.Chesterton.
...Uno de mis corresponsales introducía una crítica que rayaba el terreno de lo moral. Me reprochaba, ni más ni menos, tomarme a broma mi propio lecho de muerte. Lo cierto es que no se me ocurre otra forma de responderle que no sea tomármelo a broma. Es el único uso que por el momento soy capaz de darle a tan importante pieza del mobiliario familiar.
En aras del respeto y todo lo demás, no tendremos más remedio que librarnos de esa idea. Es de todo punto inútil y absurdo decir a un hombre que no debe bromear con los temas sagrados. Y es inútil y absurdo por una razón muy sencilla: porque no hay tema que no sea sagrado. Cada instante de la vida humana es transcendental. Cada paso, cada movimiento de un dedo posee una importancia tan enorme e incluso tan horrible que cuaquiera podría volverse loco con sólo pensar en ello. Si está mal bromear con nuestro lecho de muerte, también está mal bromear con la empanada de ternera, pues, si la perseguimos con demasiada devoción, puede tener mucho que ver con que acabemos en él. Si está mal bromear sobre un hombre moribundo, también lo está bromear sobre un hombre cualquiera, pues todos estamos muriendo con mayor o menor rapidez. En otras palabras, si decimos que no debemos bromear con los temas solemnes, lo que en realidad estamos diciendo, es sencillamente que no deberíamos bromear [...]
Esta es, en mi opinión, una de las dos únicas posturas razonables posibles: la vida es algo demasiado serio como para tomársela en broma. Posición a la que sólo existe una alternativa, y es la que yo adopto: la vida es una cosa demasiado seria como para no tomársela a broma.
Ni que decir tiene que hay un matiz importante en la cuestión que mi feroz corresponsal no parece haber observado. Yo estoy convencido de que se puede bromear sobre cualquier cosa, pero no en cualquier ocasión. Podemos bromear sobre el lecho de muerte, pero no junto a un lecho de muerte [...]
La vida es seria todo el tiempo, pero podemos vivir con seriedad durante todo el tiempo."
Una acusación de irreverencia. G.K.Chesterton.
sábado, junio 29, 2013
Gramsci y Habermas
Hace unos meses hablaba de Gramsci y Habermas al final de un
artículo colectivo que salió publicado en la web de Rockdelux. La mención era
muy oscura por razones de brevedad y porque no respondía directamente a la
polémica que había originado el artículo, sino que más bien era una respuesta a
los recientes intentos de analizar la música desde un punto de vista político.
Gramsci fue un marxista italiano que inventó el concepto de
“hegemonía cultural” para explicar contradicciones (según la ortodoxia
marxista) tales como que el proletariado europeo combatiera entre sí en la
Primera Guerra Mundial, o que las masas populares no apoyaran los procesos
revolucionarios. Según él, eso era debido a que no sólo era suficiente atacar
las estructuras económicas de explotación para derribar las (súper)estructuras
del estado, sino que esas (súper)estructuras ejercían una hegemonía ideológica
que aseguraban el consentimiento de los explotados, por lo que era necesario
acabar con ellas para liberar las mentes de obreros y campesinos. Es decir, la
superestructura ideológica no es un mero reflejo de la estructura económica,
sino que goza de cierta autonomía.
Habermas es un filósofo marxista alemán que se plantea el
problema de cómo encontrar un principio de racionalidad compartido entre las
diferentes culturas que pueda servir para organizar la convivencia. Por
ejemplo, en el caso del velo islámico, ¿existen unos valores de referencia
comunes a cristianos, ateos y musulmanes que permitan dar normas aceptables por
todos? Según Habermas, esos valores comunes surgen con el diálogo (debate
público).
Lo que yo quería decir en ese artículo es que, frente a
Gramsci, yo estoy de acuerdo con Marx: la conciencia es un reflejo de lo
económico (lo que falla en el análisis de Marx, es que el Estado no es una
creación de determinada clase social para someter a las otras, sino que las
clases sociales surgen dentro del Estado y son creadas por éste, que es quien
reparte y garantiza los derechos de propiedad). Y cualquier análisis simbólico
que no incluya elementos de análisis económico, está cojo.
Y frente a Habermas, que el diálogo no es el medio para
solucionar los conflictos sino todo lo contrario: es el origen de los
conflictos. El diálogo siempre acaba en bronca.
Los conflictos son conflictos de intereses y no tienen
solución. Mejor dicho, los conflictos se solucionan cuando una parte somete a
la otra. La paz es la Pax Romana.
jueves, febrero 28, 2013
Consejos para escribir canciones políticas
- Huir de conceptos abstractos, frases hechas y eslóganes (Libertad sin ira) e ir a lo concreto, lo individual y lo narrativo (Te recuerdo Amanda)
- Que las canciones no sean feas o aburridas. Las buenas intenciones, en el arte, no cuentan.
viernes, septiembre 28, 2012
El Ojo de Horus y la farmacia.
Esta semana he estado por trabajo en Barcelona, en casa de Repronto y de Javi.
En casa de Javi estuve trabajando en la mesa de enfrente mientras él dibujaba Spiderman. En casa de Repronto me regalaron un libro de anécdotas médicas de J. Ignacio de Arana, del que copio lo siguiente.
"Cuando el médico va a prescribir los medios curativos traza un signo que la mayoría de las veces ni él mismo sabe lo que representa. Es algo parecido a una R que encabeza la receta. Otras veces se ha sustituido -y así aparece ya impreso en las recetas de la Seguridad Social- por una D o por Dp. Estos extraños signos los vienen realizando los médicos desde los griegos clásicos y aun antes como vamos a ver.
Los médicos egipcios tenían a Horus como su dios protector. Horus era el dios halcón y se le representa en escritura jeroglífica como un ojo sostenido por dos rayos en ángulo que representan las patas del ave. Estos médicos colocaban siempre el signo de Horus al comienzo de sus prescripciones para así invocar el favor de la divinidad. Cuando los eruditos griegos, siguiendo a Herodoto, descubren la sabiduría egipcia se ha perdido la noción del significado de los jeroglíficos, pero los médicos griegos observan que sus colegas del país del Nilo siguen encabezando sus recetas con el extraño símbolo y lo toman para sí intuyendo que debe tener un significado sagrado. Pasa el tiempo y ahora serán los médicos medievales quienes encuentren los escritos griegos y adopten el signo del ojo, aunque ellos lo interpretan erróneamente como una R. Dado que por entonces las recetas y todos los textos médicos se escribían en latín, aquella letra se hace representar a la palabra Recipe, entréguese, dirigida al boticario que ha de elaborar el medicamento. Mucho después de perderse el latín como lengua médica ha seguido utilizándose esta inicial que luego se ha sustituido por la D de despáchese."
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lunes, septiembre 03, 2012
Crítica cultural y estructuras de poder.
De acuerdo con algunas reflexiones de Victor Lenore y Esteban Hernández en este artículo.
- "Empiezas defendiendo el buen gusto y acabas por no darte cuenta de que Wilco suenan ya igual que Dire Straits o que Radiohead son nuestro equivalente a los Pink Floyd más plúmbeos (la crítica indie ha acabado por defender los valores artísticos que más odiaba)"*
- "Los modernos no se consideran a sí mismos una tribu urbana de la misma manera que los pijos no se consideran una tribu urbana. Simplemente se ven como gente con criterio, que sabe en qué consiste la buena vida. Son como esas abuelas que dicen "¿Pero tú a que le llamas ser pijo? ¿A vestir bien?"
- "El esnobismo contemporáneo no es más que una versión cínica del clasismo."
De acuerdo con matices respecto a estas otras:
- "La crítica cultural no sirve para nada si no toma en cuenta las estructuras sociales de poder."
- "Uno de los problemas de la crítica musical es basarse demasiado en el gusto, cuando es un asidero bastante precario y moldeable."
- "Hay una tribu urbana (los hipsters, gafapastas, modernos o como quieras llamarlo) que impone su criterio cultural al resto."
* A mí me gustan mucho Dire Straits y Pink Floyd.
jueves, agosto 30, 2012
viernes, agosto 24, 2012
La guerra del volumen
"La expresión Guerra del volumen (del inglés Loudness war) se refiere a la tendencia de la industria musical a grabar, producir y emitir música elevando progresivamente el volumen todos los años creando un sonido que destaca sobre los de años anteriores. "
Visto en "Qué suena mejor al oído, un Lp, un Cd o un DVD de audio" via Jose.
jueves, agosto 23, 2012
La música popular y las apariciones marianas.
Ayer estuve en la oficina de Mongolia y me contaron que habían ido al funeral de una conocida vidente que había hecho fortuna gracias a sucesivas apariciones de La Virgen en su finca.
Esta mañana hice la lista semanal de Deezer y luego me puse a escucharla mientras barría, a ver cómo había quedado. Y escuchando esta canción de Taylor Swift pensé en que tanto la música pop como las apariciones marianas (aceptando que sean reales) suponen un gran despliegue de medios, sofisticadísimos, para transmitir mensajes triviales.
Pasa como con los fantasmas o los extraterrestres. Al margen del asombro que provocan con su presencia, su conversación es más bien pobre.
P.D. Esto me recuerda al problema de si un escritor puede crear un personaje que sea más listo que él. Es presumible que no. Ozymandias no es más listo que Alan Moore. Dios no es más listo que sus biógrafos.
domingo, agosto 05, 2012
Guilty Pleasures, Guilty Sufferings.
Ayer, hablando de Julio Iglesias, empezamos a discutir el concepto de "Guilty Pleasure", algo que yo escuché por primera vez aplicado a ABBA. De hecho, si miro la deficinión del Urban Dictionary, los dos grupos mencionados son ABBA y Los Carpenters (definición nº 4), y que paradójicamente son dos grupos de una calidad superlativa.
No se entiende que alguien pueda sentirse avergonzado de algo tan trivial como la música que escucha, salvo que entendamos que la música es una expresión del alma. Pero la música no es una expresión de los sentimientos del alma (o al menos no hay noticia de ello hasta ahora). La música no es un hecho individual, sino social, y no tiene que ver tanto con la originalidad (que algo sí), sino con la tradición, y si no se analiza así, no se entiende nada. Uno no escucha música para diferenciarse individualmente, sino para integrarse en un grupo, grupo que a su vez se opone a otros grupos.
Creo que en la biografía de Alaska de Rafa Cervera, Almodóvar cuenta que lo de escuchar a Marisol y Sara Montiel en plan irónico, como hacían Alaska y compañía en casa de Las Costus, ya lo hacía él en los 70. No sé cómo se espuede escuchar a Marisol, o a nadie, "en plan irónico". Se puede escuchar como algo "kitsch" (algo que yo discutiría), pero no como algo irónico. La ironía la sufre el que la dice, no de quien se dice. Ironía no es tanto decir lo contrario de lo que se piensa, "con retintín", sino decir, "voy a matar al asesino del rey", y que resulte que el asesino eres tú. Ironía es cuando piensas que eres muy listo, y descubres que eres muy tonto.
Pero el punto central de esta disertación no es desmontar el concepto "guilty pleasure", que doy por superado en el "todo vale" de la era internet, sino el concepto complementario, que me atrevo acuñar, de "guilty suffering". El guilty pleasure sólo tiene sentido en un contexto donde hay un canon que determina lo que es cool y lo que no lo es. En ese marco, habrá gente que escuche en la soledad de su casa, o en la discoteca con una sonrisa "irónica", a esos grupo que se supone que no son cool. Pero fíjense que esa situación implica la contraria, y que yo he sufrido muchas veces: estar un concierto de un grupo supuestamente cool muerto de aburrimiento y poniendo cara de estar transido por la emoción. Es decir, fingir que te gusta algo porque te lo pide el grupo.
Y eso, como diría Borja Prieto, está pasando.
No se entiende que alguien pueda sentirse avergonzado de algo tan trivial como la música que escucha, salvo que entendamos que la música es una expresión del alma. Pero la música no es una expresión de los sentimientos del alma (o al menos no hay noticia de ello hasta ahora). La música no es un hecho individual, sino social, y no tiene que ver tanto con la originalidad (que algo sí), sino con la tradición, y si no se analiza así, no se entiende nada. Uno no escucha música para diferenciarse individualmente, sino para integrarse en un grupo, grupo que a su vez se opone a otros grupos.
Creo que en la biografía de Alaska de Rafa Cervera, Almodóvar cuenta que lo de escuchar a Marisol y Sara Montiel en plan irónico, como hacían Alaska y compañía en casa de Las Costus, ya lo hacía él en los 70. No sé cómo se espuede escuchar a Marisol, o a nadie, "en plan irónico". Se puede escuchar como algo "kitsch" (algo que yo discutiría), pero no como algo irónico. La ironía la sufre el que la dice, no de quien se dice. Ironía no es tanto decir lo contrario de lo que se piensa, "con retintín", sino decir, "voy a matar al asesino del rey", y que resulte que el asesino eres tú. Ironía es cuando piensas que eres muy listo, y descubres que eres muy tonto.
Pero el punto central de esta disertación no es desmontar el concepto "guilty pleasure", que doy por superado en el "todo vale" de la era internet, sino el concepto complementario, que me atrevo acuñar, de "guilty suffering". El guilty pleasure sólo tiene sentido en un contexto donde hay un canon que determina lo que es cool y lo que no lo es. En ese marco, habrá gente que escuche en la soledad de su casa, o en la discoteca con una sonrisa "irónica", a esos grupo que se supone que no son cool. Pero fíjense que esa situación implica la contraria, y que yo he sufrido muchas veces: estar un concierto de un grupo supuestamente cool muerto de aburrimiento y poniendo cara de estar transido por la emoción. Es decir, fingir que te gusta algo porque te lo pide el grupo.
Y eso, como diría Borja Prieto, está pasando.
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jueves, agosto 02, 2012
lunes, julio 23, 2012
Ríos y el número Pi.
"El catedrático Hans-Henrick Stolum, geólogo de la universidad de Cambridge, ha calculado la relación entre la longitud real de los ríos, desde el nacimiento hasta la desembocadura, y su longitud medida en línea recta. Aunque la proporción varia de un río a otro, el valor promedio es algo mayor que tres, o sea, que la longitud real es unas tres veces la distancia en línea recta. En realidad, la relación es aproximadamente 3,14, un cifra muy cercana al valor del número pi, la proporción que existe entre la circunferencia de un círculo y su diámetro."
miércoles, julio 11, 2012
Hopper
Os dejo un texto sobre Hopper que me encargaron para la revista del Thyssen.
Cuando me invitaron a visitar la exposición de Hopper con el encargo de escribir un pequeño texto sobre ella, mi primer impulso fue rehusar. No soy muy aficionado a la pintura, y no me imaginaba en qué manera podría decir algo relevante sobre Hopper, de quien sólo conocía los dos o tres cuadros que conoce todo el mundo, más por verlos en la decoración de cualquier disco bar ochentero que por frecuentar libros de arte. Entiendo que se buscaba una opinión desde el punto de vista de un profano, pero con mayor motivo pensé que si uno escribe un texto de cualquier cosa, debería ser capaz de aportar algo más que una mera impresión personal. Al final, las ganas por ver la exposición fueron más fuertes que mis escrúpulos, y aquí me encuentro.
A la exposición fui acompañado de mi amigo y colaborador, el dibujante Darío Adanti. Pensé que él la disfrutaría más que yo, y que podría aprovecharme de sus comentarios a la hora de escribir el artículo. Pensé que él me abastecería de abundantes expresiones y palabras técnicas, me contaría alguna anécdota graciosa de Hopper que no estuviera en los libros... Que me escribiría la mitad del artículo, vaya. Pero cuán grande fue mi desengaño cuando al entrar en la sala dijo algo así como “¡Anda, pero si pintaba a base de machurrones, yo pensaba que era un detallista!” Con lo cual durante el resto de la visita estuvimos todo el rato hablando de “los manchurrones”. “¡Mirá (Darío es argentino) en esta etapa ha aprendido a hacer las caras! ¡Mirá, en esta etapa ha aprendido a hacer las manos. No veas lo difícil que es pintar las manos! ¡Mirá, aquí ha aprendido a pintar ‘minas’! Primero los culos y luego las tetas. ¡Vaya cómo está la secretaria!”
No somos tan brutos como para no habernos dado cuenta de que Hopper estaba aplicando las técnicas de los impresionistas para componer todos esos cuadros realistas. Lo cuento para ilustrar el hecho de que Darío pensaba que su técnica era diferente a la que se deducía al ver los cuadros reproducidos en papel. Y bueno, si hay alguna razón para ir a ver un cuadro en vivo y en directo supongo que es esa, darte cuenta de cosas que en los libros no se ven. Al recorrer la exposición en orden cronológico, uno apreciaba cómo aumentaba la destreza del artista, hasta llegar a un cuadro donde uno pensaba “este ya es el Hopper que conozco”. Y eso me pareció muy bonito, ya que todos los que nos dedicamos de una manera u otra a la artesanía, por decirlo así, (odio la palabra “creador”) estamos muy interesados en los procesos creativos de la gente. Por lo menos a mí, lo que más me interesa de un artista es ver qué tipo de problemas se plantea y qué forma tiene de resolverlos.
Por eso una de la parte de la exposición que más nos gustó fueron los bocetos donde se veía todo el trabajo previo que Hopper realizaba estudiando la composición, la luz y los colores. “Mirá esa estación de tren, parece que está en 3-D”. “Mirá ese mar, es todo manchurrones, pero desde lejos parece espuma”. “Sí”, le decía yo a Darío, “para mí que ese cuadro lo pintó como excusa para llenarlo todo de machurrones, sólo hay cielo y mar”.
Respecto a la elección de los temas, está claro que Hopper buscaba esa cosa que les interesa tanto a los americanos que es ser “un artista americano”. No voy a hablar aquí de Emerson y “The american scholar”, de Walt Withman, de Thoreau, de La Nueva Frontera, y demás mitos fundacionales porque entiendo que son de sobra conocidos. Sí me gustaría añadir un pequeño dato que creo que no todo el mundo maneja, y es el hecho de que los artistas americanos de finales del XIX tenían el complejo frente a los europeos, no sólo de no tener un arte propio, sino de ser muy cursis. De ahí el interés de Hemingway, por poner un ejemplo, por usar un lenguaje coloquial, incluso obsceno, y por escoger temas sacados de la “vida” y no de la literatura.
Ese ambiente es el que yo percibo en los cuadros de Hopper. Esa representación de lo cotidiano, lo trivial, esos domingos por la tarde donde el aburrimiento se puede cortar... Tal vez sea por mi experiencia personal, pero a mí más que soledad, los personajes de Hopper me trasmiten aburrimiento. Y creo que Hopper los mira, no con compasión, sino con placer, ese placer que obtenemos de observar a la gente cuando creen que nadie está mirando. Tal vez porque pensamos que en esos momentos son en realidad ellos mismos, cuando la máscara que llevamos en público está guardada en el cajón. Pensamos que estamos viendo la verdad. Y yo creo que si Hopper miraba las cosas más sencillas con tanto detenimiento es porque le interesaba averiguar qué son en realidad, por debajo de ese aspecto siempre cambiante. Y si le interesaban tanto la verdad, la gente y las cosas, yo creo que debía de ser buena persona.
También me gustó mucho ver sus ilustraciones para revistas y carteles publicitarios. Hasta que llegó Andy Warhol jactándose de ser un mero publicista, los trabajos alimenticios de los pintores eran vistos como algo de lo que ellos mismos se avergonzaban. Sin intención de ser un posmoderno de esos que todo lo igualan, afirmo Hopper está a la altura de Alex Raymond, lo cual, dicho por un fanático de los tebeos como yo, es el más alto elogio que un ilustrador puede recibir.
sábado, junio 09, 2012
viernes, junio 08, 2012
La Nueva Crítica Musical.
Dos razones me llevaron a iniciar este blog: poder estar en contacto con la gente, y generar mi propio discurso sin tener que pasar por el aro de los medios.
Dentro de ese "generar mi propio discurso" he intentado en la medida de lo posible hacer crítica constructiva, es decir, hablar de las cosas que me gustan más que de las que no me gustan, porque creo que es más difícil y más valiente proponer que destruir.
Sí que he atacado, cuando lo he creído necesario, la ideología de "lo indie" en aquellos aspectos que considero más nocivos. Por un lado la idea de que la música pop es alta cultura, y por tanto, un elemento de discriminación de clase social. Por otro, que la música española es inferior a la anglosajona.
También me siento legitimado a hacer esa crítica por haber vivido inmerso en esa cultura durante casi 20 años, he participado activamente en su creación (en la medida de mis posibilidades) y siento por ella, y por algunas de las personas que han trabajado en ella y he ido conociendo a lo largo de estos años, un gran aprecio.
La ideología de lo indie es una ideología en retirada. Funciona por inercia y por abandono del enemigo, pero nadie en "los círculos académicos" (por decirlo así) se la toma ya en serio. "Lo indie" es una ideología de fanzine. Internet es otro tipo de herramienta, y como sabe cualquier marxista, eso genera otro tipo de discurso.
Uno de los más consistentes es volver a cargar de política el discurso artístico, tal y como lo entiende precisamente el marxismo: el arte como superestructura. Así, la labor del crítico sería analizar la infraestructura material que explica la superestructura estética.
En ese sentido (si no me equivoco) creo que se pueden interpretar algunos de los conceptos contenidos en las ideas de Cultura de la Transición, y Nueva Crítica Musical.
Comparto muchos de los plateamientos que aparecen en estos dos artículos. No tengo tiempo ahora mismo para analizarlos en detalle (espero hacerlo más adelante), pero en principio, yo veo dos problemas.
1. Los valores éticos y los valores morales pertenecen a órdenes distintos. Es el problema de la belleza del mal. Baudelaire, Céline, Riefenstahl, etc.
2. En algunos autores, el uso del término cultura como "cultura circunscrita", en lugar de "biocenosis de instituciones". Es decir, que siguen presos del Mito de la Cultura.
En cualquier caso, ya sea para estar a favor o en contra, creo que en el terreno de la crítica, es de lo que toca hablar.
Gracias a Luis por el artículo.
P.D. Para mí lo más interesante es su pretensión de fundar la crítica el algo que no sea el gusto del crítico, meramente subjetivo. El problema, insisto, es que, como demostró Hume, hecho, valor y norma pertenecen a órdenes distintos y no hay conexión entre ellos. No se puede fundar una moral basada en los hechos. No se puede sacar un deber ser del ser. El intento de pasar de la cultura subjetiva a la cultura objetiva nos lleva a la idea hegeliana de que el Estado es la idea ética realizada en el tiempo y cosas así.
Podemos intentar hacer sociología de la música, pero eso no explica el hecho estético musical. Podemos decir que el blues nace en las canciones de trabajo de los esclavos negros, pero eso no explica por qué tiene un patrón de 12 compases en lugar de 16, y aunque lo explicara, no dice por qué unos blues son agradables de escuchar y otros no. Son explicaciones que pertenecen a órdenes diferentes, y uno no se puede reducir al otro, así como la biología no se puede reducir a matemáticas. Podemos llenar cinco tomos hablando de Wagner, el romanticismo alemán y los nazis, pero para explicar el acorde tristán tienes que utilizar conceptos técnicos muy concretos. Puedes decir que la polifonía nace del hecho de que los monjes cantaban todos juntos, pero para saber lo que es un contrapunto tienes que hablar de solfeo, y no del Misterio de la Trinidad, aunque la armonía a tres voces tenga que ver con El Padre, El Hijo, y el Espíritu Santo.
De todas formas, hasta que veamos los resultados aplicados de esa nueva crítica, (y podamos criticarla a su vez), hasta ahora lo único que yo veo es simplemente un posicionamiento en una supuesta superioridad moral que me parece muy peligrosa, por lo que tiene de vocación de estigmatizar a los que no comulguen con ella (y que en el fondo creo que es de lo que se trata, de crear un frente).
Por ejemplo, yo todavía no sé si los de la CT o el 15M son comunistas o no, o si son partidarios de la democracia representativa o la democracia asamblearia. Si no son comunistas ni libertarios, entonces es la socialdemocracia de toda la vida, que es en lo que estamos, y para este viaje no hacía falta alforjas.
Sí me tendrán como aliado en lo que suponga criticar "lo indie" en muchas de sus manifestaciones actuales.
P.P.D. Otra cosa, si "todo es política" entonces nada es política. Lo político no denota nada particular. Diego Rivera y Los Centellas, Steinbeck y Corín Tellado. Todo es política. Naturalmente no es eso lo que quieren decir. Pues que no lo digan.
Dentro de ese "generar mi propio discurso" he intentado en la medida de lo posible hacer crítica constructiva, es decir, hablar de las cosas que me gustan más que de las que no me gustan, porque creo que es más difícil y más valiente proponer que destruir.
Sí que he atacado, cuando lo he creído necesario, la ideología de "lo indie" en aquellos aspectos que considero más nocivos. Por un lado la idea de que la música pop es alta cultura, y por tanto, un elemento de discriminación de clase social. Por otro, que la música española es inferior a la anglosajona.
También me siento legitimado a hacer esa crítica por haber vivido inmerso en esa cultura durante casi 20 años, he participado activamente en su creación (en la medida de mis posibilidades) y siento por ella, y por algunas de las personas que han trabajado en ella y he ido conociendo a lo largo de estos años, un gran aprecio.
La ideología de lo indie es una ideología en retirada. Funciona por inercia y por abandono del enemigo, pero nadie en "los círculos académicos" (por decirlo así) se la toma ya en serio. "Lo indie" es una ideología de fanzine. Internet es otro tipo de herramienta, y como sabe cualquier marxista, eso genera otro tipo de discurso.
Uno de los más consistentes es volver a cargar de política el discurso artístico, tal y como lo entiende precisamente el marxismo: el arte como superestructura. Así, la labor del crítico sería analizar la infraestructura material que explica la superestructura estética.
En ese sentido (si no me equivoco) creo que se pueden interpretar algunos de los conceptos contenidos en las ideas de Cultura de la Transición, y Nueva Crítica Musical.
Comparto muchos de los plateamientos que aparecen en estos dos artículos. No tengo tiempo ahora mismo para analizarlos en detalle (espero hacerlo más adelante), pero en principio, yo veo dos problemas.
1. Los valores éticos y los valores morales pertenecen a órdenes distintos. Es el problema de la belleza del mal. Baudelaire, Céline, Riefenstahl, etc.
2. En algunos autores, el uso del término cultura como "cultura circunscrita", en lugar de "biocenosis de instituciones". Es decir, que siguen presos del Mito de la Cultura.
En cualquier caso, ya sea para estar a favor o en contra, creo que en el terreno de la crítica, es de lo que toca hablar.
Gracias a Luis por el artículo.
P.D. Para mí lo más interesante es su pretensión de fundar la crítica el algo que no sea el gusto del crítico, meramente subjetivo. El problema, insisto, es que, como demostró Hume, hecho, valor y norma pertenecen a órdenes distintos y no hay conexión entre ellos. No se puede fundar una moral basada en los hechos. No se puede sacar un deber ser del ser. El intento de pasar de la cultura subjetiva a la cultura objetiva nos lleva a la idea hegeliana de que el Estado es la idea ética realizada en el tiempo y cosas así.
Podemos intentar hacer sociología de la música, pero eso no explica el hecho estético musical. Podemos decir que el blues nace en las canciones de trabajo de los esclavos negros, pero eso no explica por qué tiene un patrón de 12 compases en lugar de 16, y aunque lo explicara, no dice por qué unos blues son agradables de escuchar y otros no. Son explicaciones que pertenecen a órdenes diferentes, y uno no se puede reducir al otro, así como la biología no se puede reducir a matemáticas. Podemos llenar cinco tomos hablando de Wagner, el romanticismo alemán y los nazis, pero para explicar el acorde tristán tienes que utilizar conceptos técnicos muy concretos. Puedes decir que la polifonía nace del hecho de que los monjes cantaban todos juntos, pero para saber lo que es un contrapunto tienes que hablar de solfeo, y no del Misterio de la Trinidad, aunque la armonía a tres voces tenga que ver con El Padre, El Hijo, y el Espíritu Santo.
De todas formas, hasta que veamos los resultados aplicados de esa nueva crítica, (y podamos criticarla a su vez), hasta ahora lo único que yo veo es simplemente un posicionamiento en una supuesta superioridad moral que me parece muy peligrosa, por lo que tiene de vocación de estigmatizar a los que no comulguen con ella (y que en el fondo creo que es de lo que se trata, de crear un frente).
Por ejemplo, yo todavía no sé si los de la CT o el 15M son comunistas o no, o si son partidarios de la democracia representativa o la democracia asamblearia. Si no son comunistas ni libertarios, entonces es la socialdemocracia de toda la vida, que es en lo que estamos, y para este viaje no hacía falta alforjas.
Sí me tendrán como aliado en lo que suponga criticar "lo indie" en muchas de sus manifestaciones actuales.
P.P.D. Otra cosa, si "todo es política" entonces nada es política. Lo político no denota nada particular. Diego Rivera y Los Centellas, Steinbeck y Corín Tellado. Todo es política. Naturalmente no es eso lo que quieren decir. Pues que no lo digan.
martes, mayo 22, 2012
Era divertido. Era una lucha. Era una vida.
"Stevenson parecía decir a los semisuicidas derrengados que lo rodeaban en las mesas de los cafés, bebiendo absenta: '¡Venga ya, el héroe de una mala comedia barata era más hombre que vosotros!' Pintar piratas y almirantes de cartón valía más que todo eso; era divertido; era una lucha; era una vida y una travesura"
G.K. Chesterton. "Robert Louis Stevenson"
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miércoles, mayo 02, 2012
Crisis Financiera. Lo Hipster.
Vídeo de una conferencia de Huerta de Soto.
Y la última entrada del blog de Adam Curtis, donde habla de Norman Mailer presentándose para alcalde de Nueva York en el 69, y el inicio de "Lo Hispter" como subcultura juvenil que sustituye lo político por lo cultural.
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